Entrevista en Ideal

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Esto salió el pasado 20 de agosto en el Ideal. La entrevista me la hizo Iván Romero. La foto la tiró Pablo Alonso en Subterránea.

«Soy un artesano del cómic que dibuja para desahogarse»
El joven ilustrador, que colabora con revistas como ‘El Jueves’ o ‘TMEO’, sigue apostando por formatos independientes
Juarma López, natural de Deifontes, es una de las figuras emergentes del humor satírico nacional. Desde 2009 colabora semanalmente con ‘El Jueves’, la revista de humor gráfico con más tirada en España. Además, a sus 31 años, ha publicado ya en dos de las editoriales underground más prestigiosas del género: Ediciones Cretino y Ultrarradio. Aún así, le gusta definirse como un aficionado al dibujo que busca disfrutar de sus viñetas más que vivir de ellas. En septiembre lanza nuevo libro: ‘Los rockeros van al infierno’ (Autsaider Cómics).
 
–Lo suyo es el humor bestia, ¿le sale de manera natural o trata de dirigirse a un público determinado?
–No, no lo busco en absoluto. Es mi forma de interpretar la cruda realidad que nos rodea y también el modo de evadirme de ella.
 
–¿Un mecanismo de defensa, tal vez?
–Sí, pero tampoco es consecuencia de un trauma de la infancia, ni nada por el estilo.
–¿En quién se inspira para hacer personajes como Eusebio el Clenchillas?
–No sabría decirle exactamente. Utilizo muchos ingredientes de aquí y de allá para hacer mis viñetas. Suelo fijarme, sobre todo, en el contexto en el que me desenvuelvo, en las conversaciones que escucho por la calle, en las historias que circulan por mi pueblo… Posiblemente, el carácter general de la gente de Deifontes sea lo que más me inspira.
 
–Los tebeos están muy denostados en nuestra sociedad. Incluso muchos no le conceden rango de expresión artística. ¿Qué opina usted?
–El cómic es un arte popular. No creo que haya que tratarlo de un modo tan serio ni trascendental. Personalmente me considero un artesano que dibuja historias para desahogarse y disfrutar, no un artista…Si es que hay alguna diferencia.
–El humor negro tampoco tiene muy buena prensa… 
–Los españoles por lo general no tenemos mucho sentido del humor . De hecho, ya he tenido alguna que otra experiencia negativa, y graciosa a la vez, a través de las redes sociales debido a la intolerancia de algunos.

–¿Puede darnos un ejemplo?

–Bueno, ha habido varios episodios. Quizá el más desagradable fue el que me ocurrió hace poco en una página web que se dedica a seleccionar los artículos más leídos en la Red. Un bloguero me criticó por utilizar los personajes de Mortadelo y Filemónen una de mis historietas. Muchos de sus seguidores me acabaron linchando públicamente.
 
–Y ese tipo de reacciones, ¿hacen que usted se contenga a la hora de dibujar?
–Aunque agradezco las críticas, intento no prestarle demasiada atención a lo que dice la gente sobre mis cómics, tanto para lo bueno como para lo malo. Lo único que me contiene y me guía a la hora de dibujar es mi intuición. Poco más.
–Entonces, usted es de los que piensa que el humor no entiende de límites…
–El único límite de la broma está en el propio chiste. El humor es una catarsis, una liberación, no un tratado de ética. No hay que buscarle tres pies al gato.
La polémica de los guiñoles
 
–Catarsis a parte, ¿Considera graciosas las parodias de los guiñoles sobre los deportistas españoles?
–Me parecieron geniales, sobre todo la de Iker Casillas firmando autógrafos con una Jeringuilla. La verdad es que no entiendo cómo pudieron provocar tanta controversia. Es absurdo que una broma se convierta en un asunto de Estado. Los guionistas del Guñol francés deben estar todavía riéndose de las declaraciones que hicieron algunos periodistas y políticos españoles al respecto.
–En dos años, ha pasado de hacer fancines a dibujar para ‘El Jueves’ y ser conocido en el mundo del cómic. ¿Cómo lleva el cambio?
–El único cambio que ha habido en mi vida es que ahora dibujo todas las semanas y eso es algo muy importante para mí. Siempre he buscado tener un modo de vida como el que disfruto actualmente y no lo cambiaría por nada en el mundo.
–Y, ¿le da para vivir?
–Dibujar me hace falta para vivir, pero no me da para vivir… Pero es algo que no me preocupe demasiado. Prefiero compaginar el dibujo con mi trabajo y hacer lo que me gusta sin ataduras o quebraderos de cabeza.
– ¿Por qué sigue haciendo libros y revistas de forma artesanal si ya le han fichado dos editoriales?
–No me gusta perder el contacto con mis raíces de dibujante amateur, ni dejar de lado esa forma de expresión infinita, libre y subversiva que es el fanzine. Creo que con los tiempos que corren, es muy necesario que se siga habiendo productos culturales independientes que no estén destinados exactamente a cubrir un determinado nicho de mercado.
 – ¿Cómo lleva crisis?, ¿Se ríe de ella o no le hace ni pizca de gracia?
–Tengo 31 años y siempre he sido pobre. He tenido que pagarme los estudios yendo a la vendimia francesa y otras cosechas de mi pueblo. Ahora me dicen que he vivido por encima de mis posibilidades… El chiste no me divierte, la verdad.
–¿Granada es un buen lugar para prosperar como dibujante?
–Me imagino que es como cualquier otro lugar de España para ganarse la vida como historietista. Quizá ahora estemos un poco mejor que hace algunos años gracias a librerías como Subterránea, pero por lo general es complicado vivir de esto si no te pegas a instituciones oficiales, como los ayuntamientos o la Diputación.
La cultura de la subvención
–¿Echa de menos más apoyo por parte de las instituciones públicas?
Para nada. Soy bastante reacio a la cultura de la subvención que hay instalada en este país. Opino que los creadores deben apechugar con lo que hacen, tanto para lo bueno como para lo malo. La independencia es un valor para mí.
–¿Cuáles son sus dibujantes de cabecera?
–Pese a lo que pueda parecer, no soy un fanático de los cómics. De hecho, últimamente leo más novelas que otra cosa. Pero si me tengo que decantar por algún autor en particular, me quedo con Ibáñez. Sus tebeos de Mortadelo y Filemón están entre mis obras favoritas.
–¿Dónde ha aprendido a dibujar?
–En ningún sitio. Soy autodidacta cien por cien. Siempre he huido de lo académico y he buscado la espontaneidad. Quizá tenga que ver con que siempre cateaba dibujo en el colegio.
–¿Siempre ha sentido vocación por lo que hace?
–El dibujo ha sido, más que una vocación, una afición para mí. Yo, realmente, quería ser periodista.
 
–¿Qué pasó para que al final decidiera estudiar Filología Hispánica?
–Me dijeron que tenía más salidas.
–¿Qué le diría a los jóvenes que están empezando a hacer sus primeros cómics y que aspiran a ser tan leídos como usted?
–Les diría que cuiden mucho a sus lectores y que traten siempre de ser libres y auténticos, sin prestar demasiada atención a las críticas. Esos han sido los principios que yo he seguido, aunque no tienen por qué ser los mejores.

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