Explicar los chistes

Antes todo era distinto. Las cosas funcionaban mejor. Supongo que conforme vas cumpliendo años, este pensamiento de mierda de idealizar el pasado se nos incrusta en la cabeza y quien más quien menos lo repite como un mantra. No sé, el pasado era asqueroso, pero lo recordamos de forma distinta porque éramos jóvenes. Teníamos más vitalidad, rehusábamos la comodidad y todo aquello que olía a idea establecida. Quizás todo esto que os cuento no sea verdad. Que sea una impresión falsa. Como digo, no confío en los argumentos que otorgan un valor mítico y guay al pasado. Tampoco confío en los valores absolutos. Pero joder. Me avergüenza el momento que me ha tocado vivir. Y no sólo por el saqueo capitalista, las injusticias sociales, la hipocresía democrática y nuestro bocachanclismo 2.0. A veces me sonroja el estado en que se encuentra el humor y tener que dar o que te pidan explicaciones por hacer un chiste. En el puto 2016.

Las personas estamos demasiado cómodas en nuestra zona de confort ideológico. No nos gusta que nadie nos lleve la contraria e incluso los algoritmos de las redes sociales propician que sólo leamos la basura con la que estamos de acuerdo. Si piensas diferente, no te atreves a llevar la contraria a la mayoría. Recibes y das una visión filtrada del mundo y te sientes cómodo, revolucionario y luchador administrando mentiras. La realidad nos empuja a convertirnos en algo así como policías que vigilamos que nadie haga algo diferente a lo que nosotros creemos que es la verdad. Tenemos las herramientas necesarias para hacer caza de brujas contra aquellos que piensan distinto. Pero, ¿perseguir un chiste? ¿Demonizar a un autor por unos monigotes inofensivos? ¿Me queréis explicar donde está el peligro de un chiste? ¿Que preferís encontraros en un callejón oscuro, un mono con un cuchillo, un policía con una pistola o un libro con chistes?

Los chistes no son verdades absolutas. El único filtro de groserías que me he planteado poner en facebook es la palabra VERDAD. No los puedes catalogar con una lectura literal, porque por definición los chistes son ambiguos. Un chiste es señalar al emperador y decirle que va desnudo. Pero un chiste también es que el emperador mande cortar tu cabeza por bocazas. No legitiman nada y suelen molestar tanto porque van a la raíz de toda cultura opresora. Un chiste te hace plantearte tu idea de libertad y atenta contra todo pensamiento establecido. Señala las injusticias. El humor es libre porque es ambiguo. Porque posibilita distintas lecturas. Te muestra la realidad desde otro punto de vista. Lo puedes criticar. Lo puedes odiar. Puedes estar en desacuerdo. Pero si lo persigues o intentas silenciarlo, matas al humor. Eso hacen el fascismo, el fanatismo religioso, el pensamiento común. Y si haces lo mismo que los enemigos, tu eres el enemigo. Los enemigos quieren darnos las ideas mascadas. Quieren que su opresión se convierta en algo incuestionable. Quieren que aceptemos sus verdades absolutas. Y eso es lo que me enamora del humor. De hacerlo y consumirlo. QUE ES LIBRE.

Es cierto que de un tiempo a esta parte los humoristas hemos acostumbrado muy mal a los lectores. Nos hemos acomodado para poder pagar facturas y le damos a la gente sus propias ideas mascaditas y ya digeridas. Así recibimos muchos likes y mucho feedback y nos dan trabajo. La única forma de sobrevivir dibujando parece que era adaptarse al pensamiento de mierda dominante, pero no es así. Ser libre haciendo humor no se puede pagar ni con todo el dinero del mundo. Un humorista o un dibujante no es un semidios en posesión de la verdad absoluta, que reparte truenos y tormentas redentoras desde un pedestal, una revista o una página de facebook. Y supongo que gran parte de la culpa de este maltrato al humor es nuestra, por tragar tanto y por no arriesgarnos. Por ser amables con los lectores. Por aspirar a ser funcionarios del humor y de lo guay. Que si, que si te sales un poco del JAJAJA oficial te dan la patada en el culo. Pero joder, bendita patada. Prefiero esto mil veces antes que ir de Braveheart por la vida, hablando de libertad, de #JeSuisCharlie … cuando lo único a lo que aspiras es a monetizar tu tontería.

He decidido no explicar jamás un chiste. Y me sabe muy mal, porque ante todo siempre he intentado ser educado y dialogar con el ofendido o la ofendida de turno. Pero es que no tiene sentido alguno y es una pérdida de tiempo. Si te ofende mi trabajo, o mis chistes o lo que pienso o lo que digo, mis razones no te van a servir para nada. Si no sabes leer un chiste ni intentas rascar un poco en la superficie de lo que estás leyendo, no es mi problema. Me da igual que no me entiendas. Pero no denuncies mi trabajo amparándote en el anonimato de las redes sociales, porque que me lean cinco, diez o quince personas me ha costado muchísimo esfuerzo y dedicación. Si tienes algún problema con lo que hago, por favor, da la cara. Igual que hago yo firmando todos y cada uno de mis chistes. Llevo casi veinte años intentando hacer humor, igual hasta tengo algunas ideas propias y criterios y las razones por las que hago las cosas de un modo u otro no las va a entender un payaso como tu en la puta vida. Los chistes no son una falta de respeto. La falta de respeto son las INJUSTICIAS.

No hago chistes para gustarle a todo el mundo. Estoy muy a favor de enseñar los dientes en la vida en general, esto no es un alegato para que no critiquéis mi trabajo. Me gusta no gustar. Lo que dibujo no son verdades absolutas y no pretendo decirle a nadie cómo debe hacer las cosas o qué debe pensar. A mí también hay muchas cosas que no me gustan en la vida, pero en mis chistes mando yo.

8 Replies to “Explicar los chistes”

  1. Que me gusta lo que escribes, sobre todo lo de “me gusta no gustar” te conozco bien y es imposible conocer tu pensamiento, tampoco es bueno intentar hacerlo.Pero de lo que si es digno de mencionar, es que eres de los pocos seres que llevan aňisimos haciendo lo que le gusta, no todos pueden presumir de eso, es difícil subsistir haciendo lo que realmente te gusta, pero más difícil es no hacer lo que te gusta y subsistir siendo un melón infeliz.Yo estoy envenenado en las ideas de la sociedad, quizás jamás fuese visto o entendido un cómic si no fuese porque lo escribes tu, pero tengo la suerte de que encima me gusta lo que haces.
    Respecto a todo lo que as escrito, siempre piensa que la crítica es el trabajo de un melón infeliz en 1 minutos, tu trabajo lleva horas de felicidad en la punta de un lápiz que yo apuesto a que visualizas en personajes cotidianos la realidad de todos tus chistes, aunque creo que eso es intentar entrar en tu cabeza inconcientementr.
    En fin parchoso, sigue así que cada día lo haces mejor y si, lo siento, a mi me gustas y las explicaciones solo debes dárselas al parchoso de tu hermano que te conoce y quiere.jejejeje
    Tengo muchas ganas de que escribas un libro y de partirle las piernas al que te pida una explicación por un chiste.

  2. Bastante genial el artículo.
    No creo que añores el pasado porque eras joven. Un servidor aún no ha llegado al cuarto de siglo, y cuando paseo por tiendas de cómics y veo en antiguos, publicaciones como Víbora, me pone de una mala ostia tremenda el pensar que sería imposible publicar algunos de esos números hoy en día.
    “pero en mis chistes mando yo” me ha parecido una sentencia brutal.
    Más Mongolia y menos prejuicios es lo que necesitamos..

  3. Eso te pasa por meterte con un tema tan sensible como el de la música de los 80. ¡Ese tema en España no se toca, hombre! Lo sabe todo el mundo.

    ¡Saludos, y no cambies nunca!

Deja un comentario