Me la sudan los putos Limites del Humor. Me parece un debate estúpido y cansino, para entretenernos a los tontos. Lo pones con buenas palabras, pero lo dices.

Realmente me pasan tonterías de esas todos los días. Me bloquearon la cuenta de Twitter y tuve que borrar un puto tuit de mierda. Podría haberme tirado el rollo y mantenerla cerrada más tiempo, pero lo solucioné eliminando mi incitación al odio, sintiéndome un poco idiota, como quitándome la capucha del Ku Klux Klan. Tampoco sabía muy bien qué había pasado. Creía que había tocado algo sin darme cuenta. Fue mi primera vez. Igual los Ultras del Numancia F.C. están más acostumbrados a que le eliminen tuits por incitar al odio.

Luego te ríes de la tontería que te acaba de pasar y haces capturas para subirlas a Twitter. Vuelves a escribir el tuit. Las respuestas al tuit vuelven a ser la hostia. Hay mucha gente que está mal de la cabeza. Unos te dan  la razón. Otros te llaman tonto. Que si habría que disparar a los padres. Que si habría que disparar a los niños. Joder, que no habría que disparar dardos para dormir elefantes a nadie. Que es solo un tuit, no un bando oficial del ayuntamiento de tu pueblo. A la payasada que has puesto te responden con argumentos totalmente en serio. España está pirada. Da pereza a veces leer tanta imbecilidad, así que te echas unas partidas al FIFA y desconectas un rato. Al día siguiente sales en la portada del Granada Hoy.

1.Los límites del humor I

A mí no me afecta para nada. Si hay cosas que no puedo poner en Internet por la pereza que me da que un puñado de desconocidos me coman la cabeza, las pondré en mis tebeos o en mis libros. A mí el debate de la Libertad de Expresión me parece un debate de tontos.

Los límites te los puedes poner tú o el público hacia el que lo dirijas. También es importante el contexto. Hago este tipo de humor por unas razones. Llevo veinte años haciéndolo porque es mi manera de enfrentarme al mundo, de luchar contra las cosas malas que me han pasado y de salir hacia delante. Es mi catarsis. No busco hacer reír a la gente. Lo que busco cuando hago chistes es soltar la rabia, liberarme, ver las cosas de otra manera. Mi público, las quinientas personas que se compran mis tebeos,  lo entienden perfectamente. Un desconocido que no ha pagado por algo mío y que se cruza con una viñeta mía descontextualizada por Internet no sé por qué hostias viene a darme su puta opinión, como si fuera algo de vital importancia o me fuese a aportar algo. Hago cosas para mí y para mi público, no para todo el mundo. Me gusta no gustar. Lo que hago no lo vas a entender en la vida. Si no te gusta, no lo mires y no lo consumas. Nadie te obliga a hacerlo. Nadie va a una obra a decirle a un albañil como tiene que poner los ladrillos. Ese albañil lleva muchos años poniendo ladrillos y sabe cómo hacerlo. Ha aprendido el oficio. Tiene su método. Ahora con el humor cualquier subnormal te llega con una teoría sin pies ni cabeza a decirte cómo tienes que hacer las cosas, porque lo dice su polla o su coño.

2.Los chistes

   No veo coartada mi libertad de expresión. Las cosas que hago son para reflejar mi entorno, para reflejar como vivo, con quien convivo, los problemas que veo, para reflejar las cosas que me duelen. Si un humorista siente coartada su libertad de expresión, que se dedique a otra cosa. Si vas buscando provocar y te llueven las hostias, pues apechugas con ello. Igual que cuando te tiran pesetillas y flores.

   Cualquier chiste puede ser ofensivo. Cualquier chiste te lo pueden sacar de contexto y lincharte porque sí. Porque a alguien le caes mal o no le gusta tu avatar. Todo puede ser ofensivo para alguien. Y arrojar a las hienas a los demás da mucho feedback en las redes sociales.

3.El odio

   El odio y la intolerancia lo fomentan las desigualdades sociales, los problemas reales, las injusticias, la falta de oportunidades, el hecho de que no tengamos ni presente ni futuro…

   La sociedad en sí fomenta el odio y la intolerancia, no los chistes. Con los chistes intentas reírte de la mierda que es todo. Llorar no sirve de nada. Y reír al menos te despeja un rato la cabeza.

   Haces chistes de enfermedades y te puede tocar a ti o puedes haber perdido a personas cercanas de esa enfermedad. No haces un chiste riéndote de que la gente se muera por esa enfermedad, estás soltando la rabia, haciendo un chiste de algo que te ha dolido y expresas el dolor de esa forma, con un dibujo. Porque es lo mejor que sabes hacer.

4.La demanda

   Cuando cuentas algo que te ha pasado te sientes hasta mal por hacerlo, porque encima parece que te quejas o que estás llorando. O que quieres llamar la atención. O el que está ahora muy de moda si naciste con pene:  porque han puesto en duda tus privilegios (¿qué privilegios? ¿Si tuviese privilegios iba a estar haciendo putos chistes, tarado/-a?)

   Lo haces porque estás cansado. Porque agota. Porque es una presión que no está pagada. Necesitas desahogarte. Y cuando cuentas algo que te ha pasado, no se trata solo de eso. Siempre hay muchas cosas detrás. Hace poco intentaron demandarme, con el único afán de generar polémica para conseguir protagonismo. Pero se solucionó porque el abogado de la acusación era una persona sensata y entendió perfectamente el asunto. Ni tan siquiera puedes contar estas cosas que te hacen polvo por injustas en Internet, porque siempre prefieres estar al margen. Pero cansa mucho. Siempre hay muchas cosas detrás cuando escupes tu rabia por algo. Y quien me conozca sabe que nunca lloro.

   Pero lo que más gracia me hace es que me da igual, nada me afecta lo más mínimo y no voy a cambiar nada en mi forma de hacer las cosas. Llevo toda la vida enseñando los dientes. Hago viñetas y escribo cosas. Lo que lees no son las jodidas tablillas de Moisés.

5.La tolerancia

   El humor fomenta la tolerancia. Cualquier cosa que ponga un poco de alegría a esta vida fomenta cosas buenas. Puedes hacer humor de cualquier cosa, porque el humor es inofensivo. Entiendo cualquier tipo de humor, aunque no me guste. Hasta los fotomontajes de WhatsApp de Puigdemont.

6.Los colectivos oprimidos

Cuando te cuentan un chiste sobre un colectivo oprimido te incomodas, porque puedes sentir dolor y empatía y ver en ese preciso instante las desigualdades. Claro, eso suponiendo que el público al que te dirijas pertenezca a tu mismo estrato social.  Los que quieren imponer sus puntos de vista tratan a las personas de tontas y las creen influenciables por un chiste inofensivo, por un muñeco en un papel. Y eso sí es un insulto.

Es muy fácil mirar para otro lado.
Que eso si te puedo asegurar que es la violencia más perversa que existe. No vamos a hablar de los problemas. No vamos a decir nada. Vamos a hacer como que no pasa nada. Esconde dentro de ti tus miedos y tus miserias. Porque quien no sabe ni leer te dice que no se puede hacer humor de ningún colectivo desfavorecido. A mí eso me parece opresor.
 Me gusta igualarnos a todos como la basura que somos. Y si yo señalo a un sitio y tú miras a otro, el puto problema lo tienes tú. Porque no sabes quién soy. Ni de dónde vengo. Ni dónde estoy.

   Los problemas van a seguir ahí, aunque no hables de ellos. Tu conciencia estará más tranquila y te sentirás mejor. Si abordas los problemas con humor o como catarsis los pones delante de los ojos de los demás. Te puedes reír. Puedes sentir que se te remueven las tripas.  Te puedes incomodar. Y puedes pensar por qué. Por eso molesta tanto el humor. Porque lo cuestiona todo y porque nos iguala.

   Los problemas reales, las desigualdades y las injusticias sí que ofenden. Pero ahí no hay límites ni mucho debate.

   Ahora todos nos sentimos víctimas. Nos sentimos oprimidos por todo y tenemos las redes sociales para quejarnos y que nos den RT y Me gusta. Todos queremos ser los más oprimidos, pero la inmensa mayoría de personas estamos en la misma opresión. Hay colectivos más desfavorecidos que otros, por supuesto. Hay personas con condiciones de vida durísimas. Pero dividiéndonos somos cada vez más débiles.

Al parguela del monólogo de los gitanos le han sacado algo de contexto, lo han linchado…¿Adivina quién le ríe las gracias? Donde vivo no veo a los gitanos debatiendo sobre eso. Se la pela, porque tienen otras preocupaciones y cosas más importantes en las que pensar. Y solo van a entrar al trapo los psicópatas. Porque la psicopatía no entiende de raza, ni de sexo.

    El debate que se ha montado es un debate de payos y de cuatro gitanos que quieren salir en los periódicos y la televisión. Personas que no han convivido con gitanos diciéndole a otras personas que no han convivido con gitanos como tienen que actuar con los gitanos. Como si todas las personas pertenecieran a grupos cerrados y homogéneos y pensasen y actuasen del mismo modo.

   Nos montamos nuestras fantasías para sentirnos mejor con el mundo en el que vivimos. Hay que tener un poco de perspectiva de las cosas. Un chiste puntual, un momento puntual, no es una puñetera verdad universal por muchas veces que la repitas. Por muchos RT y Me gusta que te pongan en una red social.

7.Los fanes

   Me encanta la música. Escucho cualquier cosa. Disfruto mucho dibujando grupos para la web de El Jueves. Lo hago con cariño y humor. Pero la gente se ofende mucho sin siquiera leer las viñetas. Leen el titular que le ponen los de El Jueves y me linchan. Que me insulten o me digan que sus sobrinos de tres años mancos pintan mejor que yo, me da igual. Ni siquiera los leo muchas veces. Pero últimamente me linchan cada vez que publico algo e incluso me acosan personalmente en mis páginas de Facebook o Instagram. Me hace hasta gracia, pero me molesta que mi madre o las personas que quiero tengan que leer esas cosas. Siempre suelen ser calvos, divorciados o madridistas, así que bastantes desdichas tienen esos peleles y escombros de la vida. No me entra en la cabeza que haya fanes que se ofendan con las viñetas más que los propios grupos. Todas las viñetas musicales las hago con cariño, muchos de los grupos me gustan y tan solo intento hacer un trabajo que me piden desde la web de El Jueves. La vida en sí ya es demasiado asquerosa y muchas personas valoran de una forma positiva esas viñetas. Llega un momento en el que te acostumbras a ese acoso permanente, a ese linchamiento perpetuo. Eres el Sísifo del No tienes ni puta gracia.

8.Un trabajo

   Lo que hago para El Jueves es un trabajo. Me está pagando para hacer un trabajo un medio determinado. Todos los gilipollas a los que les molesta lo que hago, se pueden juntar, hacer un mocho y contratarme. Les puedo dibujar: “Mozart es un mindundi al lado de Héroes del Silencio” o “Beethoven copiaba a Love of Lesbian”.

Hay gente que no consume humor, que no lo paga, que no lo entiende y que te dicen cómo tienes que hacerlo. Que quieren que hagas humor según sus parámetros. Pues no. Haced vosotros mismos vuestros tebeos y fanzines. Montaos revistas y medios. Aprended a dibujar, que es muy fácil y cualquier tonto puede. Luego pagáis y que os hagan el humor que os gusta, a ver cómo funciona vuestro humor de superdotados fuera de vuestras pajas mentales.

9.Twitter

   El filtro de Twitter me parece una gilipollez. A mí hay gente que me amenaza, diciéndome que me van a agredir y Twitter no busca ese contenido y lo bloquea. Tengo que denunciarlo yo. Y me siento imbécil haciéndolo, porque esas amenazas suelen hacerlas parguelas que no tienen media hostia  y se montan sus películas en Internet y no quiero que se piensen ni tan siquiera que me importa. Me parecen gilipolleces y bravuconadas de subnormales. No entiendo el filtro de Twitter. Hay cuentas que sí fomentan el odio o que se pasan el día insultando o amenazando a otras personas que ahí siguen. Si amenazas y odias en serio, es válido. La sociedad lo acepta. Si haces humor, cuidado con lo que dices chaval. No importa que digas mil veces que llevas una cuenta de humor, que escribes payasadas y que no pones nada en serio. A mí muchas veces me dicen qué razón tienes. Pues no. No tengo ninguna razón. No quiero tener la razón en nada. Solo quiero hacer reír o reírme yo. No quiero convencerte de nada. Ya eres adulto para tener tu propio criterio.

   Se dice mucho que Twitter es una pocilga, que es lo puto peor… pero también tiene muchas cosas buenas… Te ríes, te diviertes, destensas, ves las cosas de otra forma, interactuas con personas estupendas. En Twitter se genera muchísimo amor. Pero eso no vende

   Hay personas que ven una frase y se la toman totalmente en serio. Todavía hay tolais que no saben que El Mundo Today es una cuenta humorística y se indignan con lo que postean. Leemos en un sentido literal y no sabemos distinguir nada. Cómo vamos a tener claro de dónde nos vienen las hostias.

10.Educar en humor

   No hay que educar el humor. Hay que educarse en general. Aprender a leer. Desarrollar la comprensión lectora. El humor lo aprendes teniendo calle, tratando con gente, con personas diferentes a ti, poniendo la oreja y escuchando, respetando, intentando comprender cómo funciona este desastre en el que vivimos…  Hay que fomentar la educación. ¿El humor cómo lo educas? ¿Cómo educas a un descerebrado que tiene la cabeza hecha polvo? ¿A palos? Aprende antes un mono a hacer ecuaciones.

11.Mala educación

   Ya ni siquiera respondo a nadie. Ignoro las payasadas y no pierdo ni un segundo con personas que no me leen habitualmente o no sé quiénes son. Hay gente que te suelta lo primero que se les pasa por la cabeza de mala manera. Con groserías, insultos, faltas de respeto, paternalismo o colegueo. Como si te hubieses comido un puchero con ellos. Les da igual el contexto, porque ni saben lo que es. Solo ven blanco y negro. Te montan el típico concurso de debate de las pelis universitarias americanas en un puto tuit. Pero ni siquiera es debate. Es soltar su imbecilidad, como si fuese el discurso de Navidad del Rey. Ese tiempo que pasan escribiendo payasadas que la gente ignora en Twitter lo podrían dedicar a hablar con sus familias, con sus hijos, con sus abuelos…

Puedes cambiar el mundo hablando y actuando con la gente que tienes cerca para hacerlo mejor, no escribiendo payasadas en una red social.

12.Los límites del humor II

Me parece un debate de bobos, un debate absurdo, cualquier  paleto te suelta un argumento como si fuese Einstein resucitado… Mucha culpa es de la televisión, la prensa o las revistas que buscan constantemente incendiar las redes porque les beneficia. Han generado un debate inofensivo del que sacan réditos, generan tráfico y les ponemos en bandeja y gratis el contenido. Luego salimos escaldados los cuatro mataos que hacemos cosas marginales para un público reducido y que no tenemos el respaldo de un grupo mediático detrás, que no nos podemos ni permitir un abogado y  a los que nos llueven todas las hostias. Por eso ten en cuenta siempre quién hace el chiste y dónde. En la televisión puedes ir de sobrao. Si trabajas en la radio te puedes poner chulo. Si haces monólogos puedes ganarte a tu publico haciéndote el transgresor. A mí me pagan en El Jueves por trabajos para la Web. Pero en general este debate aporta poco y nos perjudica a muchos. Nos putean bien. Luego los humoristas estos que están todo el día metiendo cizaña para ganar audiencia son los que cogen las banderas de la Libertad de Expresión, los que van a las charlas y los que dan una imagen de los humoristas como tontos del culo. Que por otro lado, mira. Somos bastante tontos del culo en general.

Tienes que tener claro el contexto, quien hace el chiste y quién lo paga. Muchos también pertenecemos a las mismas minorías de las que muchas veces hacemos humor, aunque eso no os entre en las cabezas.

Y no me justifico de nada. Ya tengo una edad. Cuento mi película porque es la única que me sé.

Nota: una conversación informal con Isabel Vargas, con motivo de un artículo sobre la Libertad de Expresión para Granada Hoy que puedes leer aquí.

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